Lorena González LealTerapia individual y terapia de pareja online

Autoestima y límites

Cómo poner límites sin sentirte culpable: límites directos, indirectos y frases para practicar

Por Lorena González Leal · Terapeuta Gestalt · Lectura de 12 minutos

Dices que sí cuando querías decir que no. Haces favores que te pesan. Esperas que los demás adivinen lo que necesitas y, cuando no lo hacen, te llenas de rabia o de tristeza. Si te suena, no es que seas demasiado buena: es que te cuesta poner límites. En este artículo te explico qué son los límites, por qué cuesta tanto ponerlos, la diferencia entre límites directos e indirectos y cómo empezar a ponerlos, con frases concretas para practicar.

Qué son los límites

Un límite marca dónde terminas tú y dónde empieza el otro: lo que aceptas y lo que no, lo que puedes dar y lo que no, cómo quieres que te traten. En terapia Gestalt hablamos de la frontera entre el yo y el entorno: el lugar donde entramos en contacto con los demás sin perdernos a nosotros mismos.

Los límites no son muros ni castigos. Son información. Le dicen al otro cómo relacionarse contigo de una forma que funcione para los dos. Y protegen tu bienestar físico, emocional y mental.

Por qué cuesta tanto poner límites

Casi nunca es por falta de saber qué decir. Lo que frena son los miedos y las creencias que hay debajo:

Estas creencias suelen venir de la infancia. Si en tu casa expresar desacuerdo traía castigos, frialdad o broncas, tu sistema aprendió que adaptarte era la forma más segura de mantener el vínculo. Tenía todo el sentido entonces. Ahora, de adulta, quizá te cuesta más de lo que te protege.

Señales de que necesitas poner límites

El resentimiento es una de las mejores pistas. Casi siempre señala un límite que no has puesto.

Límites y autoestima

Cada vez que pones un límite le dices a los demás, y sobre todo a ti misma, que tus necesidades importan. Cada vez que te lo saltas, el mensaje es el contrario. Con el tiempo, no poner límites erosiona la autoestima, y una autoestima baja hace todavía más difícil ponerlos. Por eso los dos temas van muy unidos; te lo explico más en el artículo sobre autoestima y diálogo interno.

Límites y responsabilidad afectiva

Poner límites no significa dejar de tener en cuenta al otro. La responsabilidad afectiva consiste en ser consciente de cómo tus palabras y tus actos afectan a los demás, y actuar con honestidad y cuidado. Un límite puesto con responsabilidad afectiva es claro y respetuoso a la vez.

Límites directos y límites indirectos

Límites directos

Expresan de forma clara y explícita lo que necesitas o lo que no estás dispuesta a aceptar.

Ventajas: evitan malentendidos y suposiciones, son honestos y suelen generar más respeto a medio plazo.

Lo difícil: requieren valentía y tolerar la incomodidad del momento.

Límites indirectos

Se ponen a través de conductas, sin decirlo: no contestar, poner excusas, alejarse poco a poco, esperar que el otro se dé cuenta.

Ventajas: en el momento evitan el conflicto, y en algunas situaciones puntuales, por ejemplo con alguien con quien no tienes un vínculo cercano o ante una persona agresiva, pueden ser lo más prudente.

Riesgos: son ambiguos, el otro puede no entenderlos o interpretarlos mal, y a menudo generan más tensión de la que evitan.

Ejemplos en distintos ámbitos

En la pareja. Indirecto: suspirar y quedarte callada cada vez que tu pareja hace planes con su familia sin consultarte. Directo: "Me gustaría que habláramos antes de comprometernos con planes de fin de semana. Para mí es importante decidirlo juntos".

En la familia. Indirecto: inventarte una excusa para no ir a comer el domingo. Directo: "Este domingo no voy a ir. Necesito descansar en casa, pero me apetece veros el siguiente".

En el trabajo. Indirecto: contestar correos a las once de la noche y quejarte después de que no desconectas. Directo: "A partir de las siete no reviso el correo. Si es urgente, llámame".

Con el móvil. Indirecto: silenciarlo sin decir nada y que el otro piense que estás enfadada. Directo: "Por las noches desconecto para descansar. Te contesto por la mañana".

Cómo poner un límite en 4 pasos

  1. Identifica lo que necesitas. Antes de hablar, aclárate: ¿qué me molesta exactamente? ¿Qué necesito?
  2. Dilo de forma clara y breve. Habla en primera persona y sin atacar: "Necesito…", "No voy a…", "Me gustaría…".
  3. No te justifiques en exceso. Una explicación breve está bien. Demasiadas razones transmiten que necesitas permiso y abren la puerta a que te convenzan de lo contrario.
  4. Sostenlo. Un límite que no se sostiene se convierte en una sugerencia. Si el otro insiste, repítelo con calma.

Sobre la culpa

Es muy probable que, las primeras veces, sientas culpa al poner un límite. Eso no significa que hayas hecho algo mal. Significa que estás haciendo algo nuevo y que tu sistema todavía asocia decir que no con perder el cariño. La culpa baja con la práctica. Puedes decirte: "Me siento culpable, y aun así tengo derecho a cuidarme".

Frases para practicar

Para decir que no:

Para ganar tiempo:

Para expresar una necesidad:

Cuando insisten:

Qué hacer si no respetan tu límite

Repite el límite con calma. Si se sigue sin respetar, puedes poner una consecuencia: "Si vuelves a hablarme así, voy a terminar la conversación". Y cúmplela. A veces, con algunas personas, el límite más sano es tomar distancia.

Si en una relación tus límites se ignoran sistemáticamente, si hay humillaciones, control o miedo, busca apoyo. En España puedes llamar al 016 de forma gratuita y confidencial, y al 112 en una emergencia.

Me doy permiso: una lista para leer en voz alta

Poner límites empieza por dentro, dándote permiso. Te dejo una lista que escribí hace un tiempo. Léela despacio y quédate con las frases que más te resuenen.

Merezco cuidarme. Y tú también.

Límites en la pareja: no alejan, cuidan

Muchas personas temen que poner límites en la pareja enfríe la relación. Suele pasar lo contrario: cuando los dos pueden decir lo que necesitan, desaparece el resentimiento acumulado y queda espacio para la cercanía. Para hacerlo bien te ayudará leer sobre comunicación en pareja.

Cómo trabajamos los límites en terapia

Aprender a poner límites es uno de los motivos más frecuentes de consulta. En terapia individual trabajamos en dos direcciones: exploramos los miedos y creencias que te bloquean, y practicamos, en la propia sesión, formas nuevas de decir que no y de pedir lo que necesitas. Poco a poco, poner un límite deja de ser una batalla y se convierte en una forma natural de cuidarte.

Preguntas frecuentes sobre los límites

¿Poner límites es ser egoísta?

No. Cuidar de ti te permite estar con los demás desde un lugar más sano. Lo egoísta sería no tener en cuenta en absoluto al otro; un límite puesto con respeto sí lo tiene en cuenta.

¿Por qué me siento culpable cuando digo que no?

Porque probablemente aprendiste que tu valor dependía de complacer. La culpa es la alarma de esa vieja regla. Con la práctica, va perdiendo fuerza.

¿Cómo pongo límites a mis padres?

Con claridad y cariño a la vez: "Os quiero y me gusta veros, y necesito que no opinéis sobre cómo educo a mis hijos". Es normal que les cueste al principio; sostener el límite con calma es lo que más ayuda.

¿Qué hago si la otra persona se enfada?

Puedes validar su enfado sin retirar tu límite: "Entiendo que te moleste, y aun así lo necesito". Su enfado no significa que tu límite esté mal.

Referencias: Tawwab, N. G. Pon límites, encuentra la paz. Cloud, H. y Townsend, J. Límites. Perls, F., Hefferline, R. y Goodman, P. Terapia Gestalt. Castanyer, O. La asertividad: expresión de una sana autoestima.

Lorena González Leal, terapeuta Gestalt

Lorena González Leal

Terapeuta Gestalt · Enfoque humanista e integrativo

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